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LO PERSONAL SIGUE SIENDO POLÍTICO

MANIFESTO “VIOLENCIA ENTRE LESBIANAS”
    (D.I.L.D.O -Dones i Lesbianes Documentant-se)
La violencia entre lesbianas es un hecho. Si bien no ha sido abordada con la misma intensidad que la violencia sexista ejercida por los hombres hacia las mujeres, se trata igualmente de una violencia contra las mujeres y que, por lo tanto, como feministas, debemos abordar. Pensamos que esta ausencia de análisis se debe entre otras razones a la invisibilidad de las relaciones lesbianas, así como a la dificultad de visibilizar las relaciones de violencia y maltrato en general.

Con este texto pretendemos revisar dos discursos que entorpecen un trabajo claro y contundente sobre la violencia entre lesbianas. Por un lado nos enfrentamos a las resistencias que desde amplios sectores del feminismo han impedido trabajar sobre este tema, pues supone un cuestionamiento de dos mitos: por una parte, revienta la ilusión de las relaciones idílicas entre lesbianas, y por la otra, la presunción de la mujer no-violenta “por naturaleza”. Por otro lado, queremos construir respuestas contra ataques que provienen de ámbitos no feministas y que utilizan la violencia entre lesbianas como arma para deslegitimar el discurso y las prácticas feministas contra la violencia sexista, argumentando que ésta no tiene género. Esta violencia entre lebianas no cuestiona la existencia y la magnitud de la violencia sexista que los hombres ejercen contra las mujeres, sino que del mismo modo es el sistema heteronormativo el que la genera, aunque como veremos, tiene su especificidades.


Nosotras entendemos la violencia de una manera amplia, es decir, que abarca desde las expresiones más explícitas y brutales hasta las más sutiles, incluyendo así una multiplicidad de formas que incluirían la violencia simbólica, social, económica, política, sexual… y que se puede manifestar en forma de relaciones de dominación, agresiones puntuales o de maltrato, sean dentro de relaciones sexo-afectivas o del resto de relaciones sociales entre mujeres y lesbianas. El maltrato, a diferencia de las otras expresiones de violencia, se da entre una persona y otra de forma unidireccional, buscando el control y el sometimiento de la voluntad y la vida de una sobre la otra. En este texto nos vamos a centrar exclusivamente en este tipo de violencia entre lesbianas.

La violencia entre lesbianas es estructural en tanto que genera y reproduce el modelo de relación heteronormativo que se apoya en la ideología del amor romántico. A su vez, esta violencia es estructural en la medida que se ve conformada por la lesbofobia social. La relación heteronormativa es un modelo que si bien se basa en la heterosexualidad obligatoria, puede ser también reproducida por las lesbianas porque se trata de un conjunto de pautas relacionales basada en la pareja, la posesión, la fusión, la fidelidad, la monogamia, los celos… esto es lo que llamamos ideología del amor romántico, susceptible de ser representada por cualquier sujeto del género que sea.

Una relación de maltrato tiene las mismas consecuencias sobre la persona maltratada independientemente del genero de la persona que lo ejerce. Sin embargo, el maltrato que se da entre lesbianas tiene ciertas especificidades que debemos tener en cuenta: para empezar, existe una lesbofobia social que conlleva un aislamiento estructural que se da de entrada por ser lesbiana y que afecta a la relación misma. Esto implica una dificultad a la hora de reconocer esta violencia, salir de esa relación o pedir ayuda. Además, la lesbofobia social propicia un tipo de relación más fusional o incluso más cerrada, como medio de apoyo o protección frente a la hostilidad externa. Esto favorece más aún las dinámicas de control y poder.


El sistema heteropatriarcal atribuye a los hombres el derecho y el uso de la violencia. Aunque las mujeres y lesbianas no tienen el apoyo estructural para ejercerlo, no estamos exentas de la influencia del modelo heteronormativo de relación, por lo que podemos reproducirlo perfectamente. Sin embargo, en una relación de maltrato en un marco heterosexual, el hombre no sólo obtiene beneficios a nivel personal y privado de este sometimiento, sino que se beneficia en tanto que clase, es decir, de manera estructural (a nivel social, económico, político...). Al mismo tiempo, el maltrato refuerza la posición de privilegio de su clase en el reparto desigual del poder.

En cambio, en una relación de maltrato entre lesbianas, se obtiene beneficios a nivel personal, pero no se ve apoyada por ningún beneficio de clase, pues además de ser mujer es bollera; tampoco refuerza, por lo tanto, los privilegios de su grupo.

Por otro lado no queremos reproducir el esquema rígido y paralizador de víctima-maltratadora por las mismas razones que lo rechazamos en el análisis de la violencia en las relaciones heterosexuales: con estas etiquetas aplicamos un jucio de valor sobre la persona en general y no sobre su conducta, dificultando tanto el reconocimiento de la situación a nivel personal como el hecho del maltrato en sí.

Creemos que es importante trabajar este tema sin miedos ni prejuicios, con la confianza que nos dan las herramientas feministas que hemos ido desarrollando colectivamente a lo largo de toda esta lucha contra el sistema heteropatriarcal.



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